Si tu hij@ se ha dejado media tostada del desayuno y recogiendo la mesa te la comes, si en la merienda sobró una galleta que fue a parar a tus caderas y a la cena cae el trocito de tortilla que quedó en la sartén y que nadie quiso acabarse o esa croqueta que quedó sola en un plato te dice “cómeme”, tú también sigues la dieta de la madre.

Si eres una madre comesobras es porque practicas lo que yo llamo en tono de humor la dieta de la madre.
Esta insana costumbre nos aporta calorías descontroladas que se suman a nuestra dieta diaria y no nos hacen ningún bien. Si esto se convierte en un mal hábito engordarás de pena.
¿No sabes lo que es engordar de pena? Pues revisa las frases que dices en tus horarios de comida a ver si alguna vez has dicho algo parecido a: “qué pena, esta albóndiga no la voy a tirar”. Pues hala “pa dentro”! Esta expresión no es mía pero encanta.
Este hábito tiene dos peligros, el de sumar calorías tontamente que ya te me comentado antes y el de transmitirlo a tus hijos que aprenden a veces más por lo que ven que por lo que oyen.
Nos preocupamos mucho de las cosas que transmitimos a los más pequeños, sobre todo ahora que tanto se habla de valores, educación, hábitos sanos… pero también transmitimos inconscientemente comportamientos que no quisiéramos.
Nuestra relación con la comida es una de las cosas que nuestros hijos también aprenderán en casa. Si comes por ansiedad, demasiado deprisa, sin ningún orden, de un modo desequilibrado…tus hijos pueden repetir esa forma de comer.
Te invito a que tengas esto presente cuando compartas la mesa con ellos.
Piénsalo, si les enseñas a alimentarse bien y a adquirir buenos hábitos en la mesa les estás regalando salud. Aprende a comer.
Incorpora estos tips en tus comidas diarias:
- Prepara tu comida con tiempo y escoge bien tus alimentos. Esto evitará que comas cualquier cosa en vez de un plato equilibrado.
- Pon una mesa bonita. Conviértelo en un ritual, un momento especial.
- Mastica cada bocado saboreándolo. La digestión empieza en la boca, dedícale tiempo.
- Observa tu sensación de hambre, es muy probable que a la mitad de una comida ya no sientas hambre. Puedes parar, no hay que comerse todo lo que hay en el plato.
Si aún no has leído el post “Desayuno sano, empezamos por pequeños cambios” puedes empezar por ahí o ver nuestro vídeo complementario que te puede ayudar en la primera comida del día.
Ahora, como cualquier otro propósito puedes dejarlo para el lunes que viene pero yo te animo a que digas ¡COMIENZO HOY!
LucíaMcweeny
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Verdad, verdadera!! Yo siempre digo que las mamás somos basurillas ( ya sé que suena peor que la dieta de la madre) . Todo lo que deja mi hija me lo como yo. Y luego me digo ” no deberías hacerlo”, pero siempre caigo. A ver si lo remedio porque no puede ser!
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Hoy no puedo empezar porque ya me he comido los restos de su tortilla pero….mañana comienzo!!!!
Esa es la verdadera “comida basura”. Asi la llamo yo.
Mejor en la fregadera que en la cadera!!!!