Quiero contarte una historia personal. Yo era de esas personas para quien lograr retos en la vida era -creía yo- un rasgo de mi personalidad, un atributo muy bien valorado en esta sociedad, al que se llama ser proactivo, emprendedor, tener un carácter arrojado… Todo el mundo apreciaba mi manera de ser y de hecho, oír cosas como “para ti nada es imposible”  llegó a ser un latiguillo que lejos de producirme alegría, me hacía pensar ¿es que nadie va a ver todo el esfuerzo que hay detrás?

Pero en algún momento, ese asumido carácter se convirtió en una especie de adicción, y poco a poco me empecé a dar cuenta de que ya no me producía ninguna satisfacción lograr objetivos pues siempre aparecía otro en el horizonte que tenía que ser conseguido, mientras que al mismo tiempo sí me producía mucha frustración cuando no conseguía las metas que me proponía. Una locura.

En un momento dado me di cuenta de que era una yonqui de la acción. Hacer, hacer, hacer…lograr, lograr, lograr….

Mi socia Lucía me ha recordado el dicho “La vida es como una bicicleta, si dejas de pedalear te caes” y me ha animado, ya que ella me conoce bien, a reformular la sentencia.

La vida es en muchas ocasiones vivir al filo y a veces hay que parar, echar la vista atrás para valorar y apreciar todo lo que se ha hecho, y darse permiso para disfrutar de ello, y regalarse un respiro, a ser posible sin el sentido de culpabilidad que nos tratan de inocular por hacerlo.

La diferencia entre ser y hacer, o mejor aún, entre ser y tener…he aquí la cuestión.

Hay un maravilloso libro de Eric Fromm que te recomiendo leer “Del tener al ser”. En él, el celebrado autor nos explica que hay básicamente dos maneras de vivir la vida; en el modo “ser” o en el modo “tener” y las perspectivas difieren mucho, créeme. En el primer modo, uno vive agradecido con los regalos que le son concedidos, con el placer de estar vivo, disfrutando de todo lo que acontece, pleno…

En el modo tener, hay un sentido utilitario de todo. Una relación causa efecto (hacer algo para algo), un hacer sin despegarnos del resultado, y este segundo modo de vivir, pienso humildemente que te hace pasar por esta aventura de una manera que yo llamaría “desconectada“.

Si no paramos esa bicicleta, si no dejamos de pedalear, nunca comprobaremos que en realidad no pasa nada por detenernos y que además seguramente no nos caeremos de ella. Acaso, es incluso probable que esa bicicleta nos haya conducido al borde del mar a contemplar una inolvidable puesta de sol. ¿Qué sentido tendría, en ese momento, seguir pedaleando?

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Graciar por leernos.

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Codirectora de Comienzo hoy. Periodista, filóloga, traductora e interprete. Más de 10 años dedicada al coaching especializado en salud y belleza, con formación en EEUU. Presentadora del programa "Secretos de belleza...y algo más" en Canal Decasa TV, coach para Pantene y Laboratorios Forte Pharma. Colaboradora en revistas femeninas, formada en mindfulness, yoga, nutrición...

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